| Director:
José Luis Sánchez (Joelius).

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Qüisqui,
mujeres y baño, una vez al año.
Güisqui, mujeres y baño,
una vez al año, es el título de ésta
historia un tanto absurda, en la que dos
tramperos después de una larga temporada de
caza en la montaña vuelven al mundo civilizado
¿¡!?: Su primera parada será, como siempre,
el saloon del viejo Johnny el Rata, lugar
bastante perdido y aislado, donde siempre han
hecho lo mismo: primero, emborracharse; después,
irse a la cama con la más vieja de turno, la única
que había y les aguantaba y además borrachos
ellos ¡que más da! y, finalmente, recibían un
baño, eso sí, en el pilón de las bestias y a
la fuerza. Pero esta vez, todo iba a ser
diferente...
El relato filmográfico se
inicia con una serie de planos de los tramperos
(Enrique Metola y José Luís Sánchez,
“joelius”) bajando de las montañas,
para encontrarse inesperadamente ante dos jóvenes
a la puerta del saloon que están como un queso,
pero del bueno, ¡eh!, una india (Ran
Chaparro), y otra mejicana, (Susana
Paz), saloon que ellos suponían que
era el de su amigo Johnny pero que ahora está
irreconocible. Y no tardarán en comprobar los
cambios en sus propias carnes pues las dos
chicas les enseñarán, muy a su pesar, las
nuevas normas de la casa.
Ellas, que no quieren otra cosa que las pieles
que llevan los tramperos, algo normal pues ¿qué
pueden querer dos jóvenes bellezas de dos
viejos desgraciados y gruñones que sólo tienen
pieles? ¿su carne? ¡No!, sus pieles y a tiras
si es posible. El caso es que no les permiten el
acceso al saloon ni a beber güisqui o cerveza,
sin que antes se hayan aseado, baño en el nuevo
pilón, por supuesto, y hayan acatado, a la
fuerza eso sí, las nuevas reglas de la casa,
tema que da para numerosos equívocos y
situaciones un tanto surrealistas. Pero, en fin,
finalmente hay güisqui e incluso baile. Y
peleas y abrazos y besos…y hasta un vaquero en
bicicleta (José Antonio Olmedo)
que pasaba por allí y se apuntó al carro de
los disparates. Como en la vida misma. O no.
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